Informe Mundial sobre Desastres 2009

 

Reseña

Alerta temprana, acción temprana

 

Introducción
Alerta temprana y acción temprana: Una asociación esencial para prevenir desastres

La edición de 2009 del Informe Mundial sobre Desastres (IMD) versa sobre “alerta temprana, acción temprana”, dos aspectos clave de la reducción del riesgo de desastres. La disminución de pérdidas humanas y materiales en los 30 últimos años obedece en parte a mejores sistemas de alerta temprana, muchos de los cuales son de alta tecnología. Avances científicos revolucionaron las tecnologías de pronóstico y comunicaciones utilizadas para alertar. Aun así, en el IMD se argumenta que un enfoque más centrado en la gente es indispensable para garantizar que las alertas captadas vía satélite, modelos informáticos y otras tecnologías lleguen a las comunidades más vulnerables y que éstas tomen las medidas del caso. Los sistemas de alerta temprana por sí solos no bastan para evitar que los peligros se transformen en desastres. También es esencial que la acción temprana abarque todas las escalas temporales. Dicha acción es una inversión para el futuro y una solución mucho más eficaz a largo plazo que la mera intervención frente a emergencias. Pero, al parecer, donantes, gobiernos y organismos humanitarios aún no han aprendido esa lección. 

Capítulo 1 – Alerta temprana, acción temprana: Introducción

Los sistemas de alerta temprana modernos nacieron entre las décadas de 1970 y 1980 a raíz de las hambrunas causadas por la sequía en África. Hoy en día, existen otros sistemas de alerta temprana de determinados fenómenos naturales, sobre todo, en aquellos países desarrollados donde son frecuentes. Citemos como ejemplo, los sistemas de alerta temprana de tornados en Estados Unidos y los sistemas de alerta temprana de erupción de volcanes. Ahora bien, la alerta no sólo es fruto de la tecnología, también es un sistema que exige que se conozcan los riesgos y se establezcan vínculos entre proveedores y consumidores de la información. Los sistemas de alerta temprana pueden dividirse en las categorías siguientes: conocimiento del riesgo; servicios técnicos; difusión de alerta y capacidad de intervención de las autoridades y las personas a riesgo. Las probabilidades de fallo son mayores en los dos últimos. Ampliar la alerta temprana fue una prioridad del proceso de Hyogo que asigna a los gobiernos el deber de implantarla. Mientras tanto, la participación local debe comenzar por cimentar el conocimiento del riesgo.

Capítulo 2 Los sistemas de alerta temprana centrados en la gente y el "último kilómetro"

Los sistemas de alerta temprana centrados en la gente se focalizan en la manera en que las comunidades pueden comprender los peligros y evitarlos. En parte, los desastres son causados por peligros externos pero también obedecen a simples factores de vulnerabilidad: personas que se encuentran en el lugar de riesgo sin protección adecuada. Tal vez el método de evaluación del riesgo mejor conocido de estos últimos años sea el “análisis de vulnerabilidad y capacidad” establecido por la Cruz Roja y la Media Luna Roja. Hay consenso en cuanto a que la información debe llegar a las comunidades para facilitar la adopción de medidas preventivas. Vincular alerta temprana y acción temprana con aspiraciones de desarrollo es lo que motiva la participación de la gente. Factores tan distintos como el saber, el poder, la cultura, el medio ambiente, el estilo de vida y la personalidad suelen determinar que se atienda o no a las alertas. Incluir la participación de quienes quedan fuera de cualquier sistema de alerta temprana, es lo que se denomina el “último kilómetro”, frase que da a entender que en muchos casos, las alertas no llegan a quienes más las necesitan. Abordar la vulnerabilidad en el marco de la reducción del riesgo a veces se asemeja a promover el desarrollo, pero en el mundo desarrollado predominan enfoques jerárquicos de la evaluación del riesgo y la alerta temprana.

Capítulo 3 Alerta temprana, acción temprana: De un escala temporal a otra

Frente a los crecientes riesgos asociados con el cambio climático, la acción temprana es más importante que nunca, pero da mejores resultados cuando abarca actividades en diferentes escalas temporales y prevé intervenciones en caso de desastre con una antelación de días, horas, meses, años e incluso décadas. A muy largo plazo, esa “reducción del riesgo de desastres” puede abarcar medidas para adaptar planes de desarrollo y hacer cumplir los códigos de construcción, pero también la labor con comunidades para que sepan evaluar los riesgos a los que se exponen, en particular, cuando esos riesgos están en aumento. Muchos organismos científicos tienen el mandato de suministrar información para planes y programas de desarrollo y están dispuestos a hacerlo, pero los productos de alerta temprana pueden ser demasiado técnicos y conllevar incertidumbres, por lo cual, no inducen naturalmente a los organismos  humanitarios a tomar una decisión. Los donantes no pueden permitirse financiar únicamente intervenciones en casos de desastre: acrecentar la acción temprana puede redundar en una mayor efectividad de la asistencia para el desarrollo y la acción humanitaria.

Capítulo 4 Cambio climático y alerta temprana

El cambio climático es el “ejemplo más claro de alerta temprana” e inequívocamente ya está sonando. La amenaza de los desastres causados por dicho cambio es doble, pues fenómenos climáticos extremos sembrarán la devastación en comunidades vulnerables y agudizarán los problemas de los países pobres, ya de por sí complejos, lo que podría contribuir a crear una espiral de desarrollo decreciente. Si bien los sistemas de alerta temprana pueden limitar el impacto de esos fenómenos, la acción para reducir la vulnerabilidad a largo plazo reviste mayor importancia. La gestión del riesgo climático, respuesta directa al cambio climático, es importante para la salud, la agricultura, la seguridad alimentaria, los recursos hídricos y la reducción del riesgo de desastres. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, celebrada en Poznan, Polonia, en diciembre de 2008, fue la primera de esta naturaleza en la que se abordó la cuestión de la adaptación a los impactos del cambio climático y también la primera en la que hubo una representación contundente de la comunidad humanitaria. Los científicos hablan de sorpresas “imaginables” y “verdaderas” sorpresas. Habida cuenta de la situación, en 2002 se creó el Centro de la Cruz Roja y la Media Luna Roja sobre Cambio Climático para establecer un enfoque común de apoyo a la labor de las Sociedades Nacionales.

 
Capítulo 5 Inseguridad alimentaria: ¿Qué hacer tras la alerta temprana?

A pesar de que se ha avanzado en la previsión para que no vuelvan a repetirse hambrunas como las registradas en el decenio de 1980, sigue habiendo crisis alimentarias muy similares, aunque las consecuencias no sean tan catastróficas. En el Gran Cuerno de África, 20 millones de personas padecen hambre. El hambre y la desnutrición temporales a causa de desastres naturales o crisis provocadas por el ser humano siguen siendo grandes retos mundiales. La organización CARE Internacional estima que el número de personas en situación de emergencia alimentaria asciende a 220 millones, es decir, casi el doble que en 2006. En el contexto de la seguridad alimentaria, la alerta temprana puede consistir simplemente en recabar datos sobre el acceso a los alimentos para avisar oportunamente que se está gestando una crisis alimentaria. Los gobiernos implantaron sistemas de alerta temprana que, a pesar de limitaciones técnicas, institucionales y financieras, funcionan relativamente bien. La clasificación integrada por fases de la seguridad alimentaria sistematiza el análisis para ayudar a las autoridades decisorias. Ahora bien, las alertas tempranas son útiles en la medida en que dan lugar a intervenciones apropiadas y por lo que atañe a la hambruna y la inseguridad alimentaria, las autoridades tienden a esperar hasta que la situación llega a una fase crítica y recién entonces toman medidas para salvar vidas pero dejan de lado los medios de subsistencia. El postulado según el cual “en democracia no hay hambrunas” plantea interrogantes acerca del gobierno y la rendición de cuentas. Basta comparar la voluntad de movilizar ingentes sumas para paliar la crisis financiera mundial con la parsimoniosa respuesta a los recientes llamamientos humanitarios en favor de los más pobres del mundo.